LA FE DE ERRATAS
Como bien explica la RAE, una fe de erratas es una “lista de las erratas observadas en un libro,
inserta en él al final o al comienzo, con la enmienda que de cada una debe
hacerse”. La errata es, por tanto, cualquier equivocación material en un texto.
En la sociedad actual, donde se priorizan
la rapidez y la inmediatez, las erratas están a la orden del día en los SMS, WhatsApp,
mails y en todas las redes sociales. Los foros son ya capítulo aparte. Diría
que, sin embargo, en los libros hay un mayor control de errores, gracias a los
avances tecnológicos y, quizás solo sea impresión mía, la expresión “fe de
erratas” suena a antiguo y obsoleto a los oídos de la mayoría.
Pero la fe de erratas, muy
habitual en libros no precisamente recientes, demuestra que incluso habiendo traductor, corrector,
editor, etc., aún 10 ojos revisando no son suficientes y cometemos errores
igualmente. Muchos de ellos son fruto precisamente del exceso de conocimiento
del texto, no necesariamente de las prisas, lo que hace que ya no veamos los
fallos. La fe de erratas también es anticiparnos y avisar de nuestros errores y
mismo una prueba de honestidad.
El escritor Jonathan Swift, irlándes de padres ingleses, y autor de Los Viajes de Gulliver, uno de mis libros
favoritos, publicó en 1729 una sátira brutal en formato de panfleto. En A
modest proposal, “Una modesta proposición”, básicamente propone
comerse a los bebés irlandeses para evitar la hambruna del país, bajo el yugo
de Inglaterra.
Recientemente ha salido a la luz una versión en cómic, en
cuyo interior hay un pequeño panfleto del autor de dicha novela gráfica, Conor McHale. Cuenta en las viñetas que tras años de
trabajo y de publicar las 500 copias se percató de que había un error
importante, más bien una omisión. Tras el shock recordó famosos ejemplos
de erratas. Por ejemplo, la primera versión de Alicia en el país de las maravillas fue repudiada por su autor Lewis Carroll, y para evitar perder
dinero, enviaron los libros a Estados Unidos, donde fue un éxito y hoy en día los
coleccionistas se pelean por tenerla. Dado que la omisión del dibujante era
“caridad en las calles” lo interpretó como una señal y decidió que parte de las
ventas se destinaran a fines caritativos.
Tan solo fue leer esto, que lo primero que pensé fue: qué
lástima no tener una fe de erratas para todos nuestros errores y muy
concretamente los del judo. En el judo por mucho que revisemos, entrenemos
técnicas, táctica, tanto l@s alumn@s como l@s senseis, no hay un día en
que no cometamos varios errores, sin marcha atrás, sin fe de erratas…. ¿o sí
que la tenemos? Al igual que los escritores con éxito a veces hacen mejoras en
sus siguientes reediciones, en el judo podemos tener nuestra propia fe de
erratas, reconociendo nuestros fallos para que así, sea en combate o
entrenamiento, podamos sacar una nueva versión mejorada de nosotr@s mism@s.
M. Mallo
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