EL FUEGO SÍMBOLO DE LA PASIÓN
Muy a menudo
usamos el símbolo del fuego para indicar algo que causa pasión, incluso hasta
el emoticón del fuego, o nos referimos a personas que son apasionadas como si
tuvieran fuego dentro. El otro día recordé una entrevista a Chad Smith, batería de la famosa banda Red Hot Chili Peppers. En un momento de dicha
entrevista habla de la mala
idea que era salir a un concierto en el que antes hubiera tocado el excéntrico
grupo alemán Rammstein. Caracterizados por una curiosa mezcla de ritmos disco, con guitarras heavy
metal, teclados melódicos, letras poderosas y provocadoras, así como una
estética aún más en esa línea, los conciertos de la banda germana son un
espectáculo no apto para cardiac@s, con un importante uso de fuego y llamas.
Con esta receta, no extraña por tanto que Chad Smith se sintiera eclipsado e
intimidado.
Llegado el
momento, cruzaron palabras Chad Smith y el cantante de Rammstein, Till Lindemann, quien por cierto fue nadador profesional clasificado para
unos Juegos Olímpicos, aunque no llegó a participar en ellos. Chad le pregunta
a Till el porqué de la importancia del fuego en sus conciertos. La respuesta
fue muy típica de Till Lindemann. Hay tres clases de fuego:
1) El fuego del corazón, pasión.
2) El fuego de la mente, los pensamientos.
3) El fuego que es solo eso, fuego.
Tras lo cual, se
ríe estrambóticamente. Y yo también – reconozco que me encanta este grupo - tras
escuchar la anécdota, la cual quedó escondida en mi cabeza un tiempo y el otro
día me vino a a la memoria. Empecé a darle a vueltas y a pensar en cuánta
verdad tenían sus palabras.
Si aplicamos
estas metáforas para el deporte y para el judo, creo que acertamos de pleno. El
fuego en el judo es necesario en el primer sentido. Cuanto más tiempo llevamos
practicando, acumulamos más experiencias, tanto positivas como las negativas,
pero no podemos perder esa pasión que, en el caso de la competición, roza otro
de esos términos que aplicamos a veces con prejuicios: la obsesión. Hablo de la
obsesión como pasión por algo y el ansia de pensar en ese algo todo el tiempo,
bien sea en el deporte, bien en las artes cuando l@s artistas buscan ese
momento de inspiración y luego no pueden parar hasta concluir su obra, o en el
judo esa pasión que nos lleva, al día siguiente de recibir palos por todos
lados, a volver al entrenamiento con ganas de marcha otra vez.
El fuego de la
mente, de los pensamientos, también es fundamental en el judo. Saber
conducirlos por donde procede, ese poder de much@s judokas de enfrentarse a sus
miedos, a sus fantasmas, al fracaso, al éxito – me refiero a todas las escalas
del judo, no de manera exclusiva a la competición. Qué importante es saber
templarse, saber canalizar la intensidad para no convertirla en acciones
obtusas.
Y luego hay el
fuego que tan solo es eso, fuego. Esos momentos explosivos, esos momentos que
no tienen significado alguno, tan solo ocurren sin tener que profundizar en su
comprensión.
Es posible que no
haya símbolo más poderoso y más aplicable al judo dentro de los cuatros elementos de la naturaleza (fuego, agua, aire y tierra) que el fuego… o sí… pero eso
queda para otra reflexión.
M.
Mallo
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