CAMBIAR O NO CAMBIAR: ESA ES LA CUESTIÓN
El cambio es
bueno, pero no siempre. En el deporte a menudo se dan situaciones en las que
alguien decide realizar cambios estructurales importantes inesperados a
fórmulas que funcionan. Uno de los casos recientes más sonados es el traspaso
del genio esloveno del basket, Luka Doncic, quien tras ser uno de los mejores jugadores de la NBA y haber liderado a
su equipo, los Dallas Mavericks, a luchar por los puestos más altos, es traspasado a otro equipo sin previo aviso de un día para el
otro. Las razones del mandatario de su equipo eran de
lo más variadas y sus consecuencias muy predecibles: malos resultados del
equipo, la afición enfurecida por haberles negado seguir con una de las joyas
de la NBA, pidiendo en cada partido la dimisión del responsable… cosa que
finalmente sucedió al ser despedido.
Saber cambiar es
un don y en múltiples ocasiones, cuesta una inmensidad hacerlo. Mucha gente
afirma que ello@s son así y que no van a cambiar. También es cierto que cuando
queremos ayudar o deseamos realizar cambios importantes, muchas veces los
hacemos impulsivamente , sin tacto o sin perspectiva. Este tipo de acciones
suelen acabar mal y se confunden el fin con los medios. Llegué a esta cuestión,
mirando por mirar mi biblioteca, fijé la vista en la portada de uno de mis
cómics y, por extraño que parezca, lo relacioné con el traspaso de Doncic y,
finalmente, con los cambios radicales en la gestión de empresas, clubes y
personas. En este cómic, Solo un peregrino, de Garth Ennis y Carlos Ezquerra, el protagonista
vive en un mundo apocalíptico, que quiere cambiar y al final no queda muy claro
si, en su empeño de mejorarlo y defender el bien, lo que está haciendo es más
bien destruirlo. En realidad, son innumerables los personajes de películas,
series de TV y cómics - o filmes y series basadas en cómics - que de alguna
manera caen en eso: desde Harry el Sucio, El predicador /
The preacher y otros muchos
hasta el propio Spiderman o Rick Grimes en The Walking Dead.
No hace falta
irse a la ficción ni a mundos apocalípticos para ver que much@s caemos en
confundir las ganas de cambiar cosas con la necesidad real de dichos cambios.
En el judo ¡cuántas veces vemos que judokas de nivel, en un intento de mejorar
- ¿lo inmejorable? – o de adaptarse a l@s rivales que han estudiado sus
movimientos, acaban haciendo ciertos cambios en su judo que llevan a peores
resultados! En nuestros propios clubes es algo que l@s senseis vemos a
menudo: judokas que motu proprio deciden probar cosas en combate que no vienen a cuento y no se
ciñen a lo practicado, con los resultados nefastos esperables; o nosotr@s mism@s l@s senseis queremos
cambiarles muchas cosas a algun@s judokas para ayudarles a que mejoren, pero
olvidamos que si les quitamos su esencia personal, dichos cambios es probable
que no surtan efecto.
En mi opinión, la
búsqueda del equilibrio es otra vez más la clave y, pese a que menudo es vital
“Cambiar o morir”, como reza el libro de Alan Deutschman, también hay que hacerse la pregunta si hay que estar
siempre o a menudo cambiando, si las cosas funcionan tal cual son… o quizás
funcionen porque estamos siempre haciendo pequeñas variaciones que garantizan
su éxito.
Cambiar o no cambiar... y, de cambiar ¿qué y cómo cambiar? Esa es la cuestión.
M.Mallo
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